Perfidia


Hay dos personas que conozco, que no se conocen, pero que se imitan entre sí. Corren en dirección opuesta. Una sube, la otra baja. Buscan tanto lo que quieren  y quieren tanto lo que buscan que, sin notarlo, terminan lagrimando mientras dan vueltas erróneas sobre su propio eje.

Se odian por amar al mismo tiempo. Se disputan a muerte un corazón que no les pertenece. Se conforman con la mitad de lo que merecen.

Pero son análogas. Intentan emular con exactitud a su contrincante para embargar el mismo designio. Peinados, atuendos, discursos, gustos, angustias, alegrías, besos, sexo. Lo único que no comparten es ese momento diario en el que la zozobra les calcina el alma.

Una es feliz de noche, la otra lo es de día. Una acata como mascota amaestrada, la otra sojuzga como hojalata imantada. Ninguna sabe que el tren no reduce su velocidad a menos de que el chofer así lo quiera… o que el suicida interfiera.

¿Cómo se mantiene con vida quien regala las dos mitades de su ser?

Las cadenas del matrimonio son tan pesadas que hacen falta dos personas para soportarlas…e incluso a veces tres.

Alejandro Dumas tenía razón.

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